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Tuesday, December 16, 2014

Escrito por Emma Nowotny

Escrito por Emma Nowotny

Estamos llegando al final de este viaje tan acontecido, lleno de recuerdos y experiencias que nos quedan marcados; algunas buenas, otras  no tan buenas y en si todas y cada una de ellas llenas de emociones. Nuestras visitas a la clínica fueron acontecidas y variadas desde las típicas enfermedades estomacales que reciben los voluntarios, hasta puntos en las manos, cabezas e infecciones de otros tipos. Tuvimos cenas y desayunos, nos sentamos a disfrutar momentos agradables tomando sol y poniéndonos al día, esto sucedía en las pocas ocasiones que teníamos que no llenaban nuestra jornada de trabajo. Y considero personalmente que estos espacios han sido los que a fin de cuentas han logrado que  seamos un equipo, poder compartir mas allá de las obligaciones laborales que requiere el trabajo, nos ha motivado a ser un equipo que confía y se apoya. 

Este equipo ha sido muy proactivo, lleno de iniciativa y a pesar de las altas y bajas siempre responsables con su trabajo y dispuestos a hacer más, a pesar del estrés que sentían al respecto. Siempre dispuestos a aprender más y a recibir retro alimentación sobre su trabajo. Un equipo muy equilibrado.

Amy, Lyndsey, Florencia, Anthony y Martha

Como ya fue mencionado antes, el trabajo en el Hospital del Niño fue más fuerte en este grupo, buscando de alguna manera mejorar la calidad de nuestras visitas en el hospital e incluso buscando involucrarnos con los padres. Conscientes de la carga emocional que manejan los papás de estos niños, logramos gestionar un espacio de talleres de contención emocional  y otros de nutrición. Mi equipo se hizo cargo de los talleres de contención emocional y debo decir que las chicas han superado las expectativas, pasaron días averiguando al respecto y armaron tres talleres de gran calidad. Ahora bien nuestro primer taller se llevó a cabo el pasado jueves 27 tuvimos 6 participantes: dos tías, dos papás, un abuelo y una mamá, número que considero fue ideal para crear un espacio de confianza donde nos dimos cuenta que la elección de la temática de los talleres fue adecuada, nos quedamos más tiempo del que debíamos y escuchamos historias fuertes que necesitaban ser contadas y principalmente las personas necesitaban ser escuchadas. 

En medio de lagrimas y muchas dudas, podemos decir que nuestro taller fue exitoso, pero definitivamente sabemos que esto fue tan sólo un pequeño comienzo de algo que sin duda alguna es completamente necesario en este contexto. Sobre nuestro segundo taller (solo tuvimos dos, porque como habrán podido leer en la entrada de Lyndsey los problemas en el hospital estuvieron vigente una semana aproximadamente, reduciendo nuestros tiempos considerablemente) decidimos enfocarnos en técnicas de relajación y mecanismos de afrontamiento, hicimos un cuadernillo en el que hablamos de éstas. Cuando llegamos al hospital el día del taller, nos encontramos con familiares diferentes a los de la semana pasada, que finamente decidieron no tomar parte de la actividad a excepción de una mamá que fue nuestra única asistente, haciendo que en realidad la calidad del taller sea muy bueno con el tiempo necesario y la atención necesaria para enseñarle todo a ella. 

Emociones y preocupaciones de los familiares del taller de contención


Después de esta experiencia hay muchas cosas sobre las que podríamos reflexionar y es difícil para mí elegir una, puesto que si no lo hago los tendré sentados leyendo por párrafos y párrafos.  Antes de facilitar el taller, en mi mente estaba bastante difusa la idea de tener gente que acepte asistir, incluso llegué a pensar que por nuestra cultura esperar que asistan me pareció un tanto irrealista, pero después me tuve que dar un golpe a mi misma después del primer taller pues me demostraron que no era así.


Otra cosa que aprendí es que llevar comida a un taller de este tipo es  muy importante puesto que estos  papás no se dan el tiempo ni de comer, además pensamos que hacerles dibujar para hablar de sus experiencias sería la mejor manera de motivarlos a hablar, sin embargo todo lo contrario la mayoría de los papás no  hicieron uso del papel que se les dio y en realidad hablaron más de lo que esperábamos. Respecto a mi equipo, pues me siento feliz al saber que valoraron su trabajo tanto ellas mismas como los participantes del taller y en mi opinión, para ser 3 chicas jóvenes incursionando en este campo de talleres, considero que somos prueba de que cuando hay voluntad, ganas de trabajar y una razón más grande que las personales todo es posible.

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